Templo Bulguksa

Este verano, en uno de mis viajes turísticos visitamos Gyeongju, la antigua capital del reino de Silla. Como buen día de verano que era, pasamos muchas horas bajo la lluvia. Aun así, disfruté mucho la visita y espero repetirla en los próximos viajes. Me parece un sitio perfecto para aprender sobre el periodo de los Tres Reinos y de Silla Unificado en Corea.

Uno de los lugares que visitamos en la ciudad fue el templo budista de Bulguksa. El budismo llegó a la península coreana desde la India a través de China y, desde entonces, fue aumentando su influencia hasta aproximadamente el siglo XV cuando, con la dinastía Joseon, se impuso el neoconfucianismo. Para esta época la religión budista había logrado un gran poder, riqueza y, como consecuencia, también corrupción. Los nuevos gobernantes lo veían como una amenaza y centraros sus esfuerzos en reprimirlo.

Pagodas Dabotap y Seokgatap

El templo se levantó alrededor del año 553 y reconstruido en varias ocasiones en siglos posteriores. Es Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO y tiene varios elementos interesantes, que están considerados tesoros nacionales. La entrada principal, por la que no se puede acceder, está formada por los puentes de la nube azul y de la nube blanca o Cheongungyo y Baegungyo. Estos puentes simbolizan la unión entre el mundo terrenal y la iluminación.

Dentro de Bulguksa hay dos pagodas de piedra de casi 10,5 metros de altura con estilos muy diferentes. Seokgatap está formada por tres plantas y su estilo tiene un estilo típico coreano. En su interior se encontraron varias reliquias. En cambio, Dabotap es una pagoda abierta, con escaleras, columnas y pisos con formas cuadradas y octogonales.

Al fondo del templo se encuentra una pequeña pagoda, Sarira, de 2 metros de alto y parecida a una lámpara. Está tallada con imágenes de budas y bodhisattvas y con formas de nubes.

Pabellón Daeungjeon del templo Bulguksa

Dentro de los pabellones se pueden encontrar las estatuas de bronce dorado de los budas Amitabha y Vairocana. Estas figuras también están nombradas tesoros nacionales y fueron modeladas en el siglo IX. Muestran budas sentados con posturas de meditación.

Los templos coreanos tienen la ventaja de no tener un turismo tan masificado como ocurre en otros países asiáticos. Por mi experiencia de estos meses, suele haber más fieles rezando que visitantes viajeros. Esto, sumado a que era un día lluvioso, hizo que la visita al templo resultara tranquila. Con este ambiente es fácil hacerte a la idea de que estás en un templo y no en un monumento más donde sacarte la foto de rigor.