Dos semanas de clase

Estudiante japonesa

Por fin han empezado las clases de japonés. Tenía muchas ganas de empezar el curso y ha resultado más duro de lo que esperaba. Me está costando acostumbrarme a la nueva profesora y a su peculiar forma de “enseñar”.

Y lo escribo entre comillas porque lo que hace la profesora de este año no es enseñar, sino que parece más bien un maratón por acabar el temario. Por ejemplo, el primer día nos contó la forma simple con cuatro ejemplos en la pizarra, hicimos todos los ejercicios, el kaiwa y prácticamente terminó el tema. Todo ello con un acento horrible. Acabé con dolor de cabeza, sin entender nada y se me quitaron las ganas de ir a clase. No de estudiar japonés, claro, pero pensé que ir allí a perder el tiempo sin enterarme de lo que me estaban diciendo no servía de nada.

El segundo día fue parecido, así que dediqué el fin de semana a estudiar gramática, buscar ejemplos y hacer ejercicios. En resumen, estudié los temas por mi cuenta y adelanté a la profesora. Así que el lunes cuando fui a japonés por tercer día, estaba preparada. Sabía de qué me estaba hablando (y de qué no) y al final de la clase incluso explicó un poquito. ¡Una explicación de verdad! Por lo menos duró dos minutos.

Después de dos semanas tratando a esta profesora, sigo yendo a clase por costumbre y porque manda muchos ejercicios para entregar. Lo que son las clases en sí no merecen la pena y aprovecharía más esas horas estudiando en casa, pero si empiezo a faltar lo más seguro es que el japonés se pierda entre tantas cosas que tengo que hacer a diario y lo que menos quiero es dejarlo abandonado.

Cada profesor tiene su forma de dar clase pero a mí esta forma no me sirve y me va a dar más de un dolor de cabeza durante el curso. O quizás termine acostumbrándome y le pueda sacar algún provecho, ¿quién sabe?

Fotografía de tokyoform

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