¿En qué ando metida? Trabajando y estudiando y estudiando…

Es otoño y veo plantas rodadoras pasar por el blog. Sin apenas darme cuenta, llevo casi dos meses de clase en la EOI y la señora que enseña rápido y mal ha dado 6 temas como si nada.

Ya comenté que la profesora de este año es bastante mala y en su momento dije que no quería faltar a clase, pero no lo he conseguido. Tras dos clases dedicadas a que la profesora corrigiera redacciones mientras los estudiantes esperábamos, empecé a pensar que aprovecharía como mínimo igual de bien el tiempo mirando fijamente una pared. Se ve que mi paciencia tiene un límite y concretamente está en 6 horas de tomadura de pelo. Tampoco es que haya dejado de ir definitivamente, sólo falto días sueltos. Además se puede decir que transformo la desmotivación que me producen las clases en quedarme en casa y avanzar mis otros estudios en vez de perder el tiempo. Es un ciclo muy útil.

En realidad mis otros estudios no son “estudios” de forma literal. Llevo colgado el proyecto de fin de carrera como una losa desde hace dos años. Lo empecé cuando ya estaba trabajando, así que nunca he dedicado un tiempo exclusivo a adelantarlo. Hay muchas otras cosas que quiero hacer y no puedo por no haber terminado la carrera y no tener un título. Y es un fastidio. También sé de compañeros que empezaron a trabajar y se han olvidado del PFC y de las asignaturas que tenían pendientes. Siempre he tenido claro que no quería que me pasara algo así, por eso no lo he dejado de lado aunque avanzara como un caracol. De qué servirían tantos años y tantas horas dedicadas a sacarse una ingeniería si abandonase al llegar a la recta final…

Me siento orgullosa de ser capaz de llevar tantas cosas a la vez. Porque ni el estrés ni la falta de tiempo han podido conmigo hasta ahora. Tengo muchos planes en mente pero vendrán poco a poco. A veces me siento como una hormiga que nunca deja de esforzarse. Por ahora voy a centrarme en terminar algunos planes antes de empezar otros nuevos.

またね。

Fotografía de Leonardo Hwan

Dos semanas de clase

Por fin han empezado las clases de japonés. Tenía muchas ganas de empezar el curso y ha resultado más duro de lo que esperaba. Me está costando acostumbrarme a la nueva profesora y a su peculiar forma de “enseñar”.

Y lo escribo entre comillas porque lo que hace la profesora de este año no es enseñar, sino que parece más bien un maratón por acabar el temario. Por ejemplo, el primer día nos contó la forma simple con cuatro ejemplos en la pizarra, hicimos todos los ejercicios, el kaiwa y prácticamente terminó el tema. Todo ello con un acento horrible. Acabé con dolor de cabeza, sin entender nada y se me quitaron las ganas de ir a clase. No de estudiar japonés, claro, pero pensé que ir allí a perder el tiempo sin enterarme de lo que me estaban diciendo no servía de nada.

El segundo día fue parecido, así que dediqué el fin de semana a estudiar gramática, buscar ejemplos y hacer ejercicios. En resumen, estudié los temas por mi cuenta y adelanté a la profesora. Así que el lunes cuando fui a japonés por tercer día, estaba preparada. Sabía de qué me estaba hablando (y de qué no) y al final de la clase incluso explicó un poquito. ¡Una explicación de verdad! Por lo menos duró dos minutos.

Después de dos semanas tratando a esta profesora, sigo yendo a clase por costumbre y porque manda muchos ejercicios para entregar. Lo que son las clases en sí no merecen la pena y aprovecharía más esas horas estudiando en casa, pero si empiezo a faltar lo más seguro es que el japonés se pierda entre tantas cosas que tengo que hacer a diario y lo que menos quiero es dejarlo abandonado.

Cada profesor tiene su forma de dar clase pero a mí esta forma no me sirve y me va a dar más de un dolor de cabeza durante el curso. O quizás termine acostumbrándome y le pueda sacar algún provecho, ¿quién sabe?

Fotografía de tokyoform

Repaso de final de verano

Acabo de darme cuenta de que casi han pasado las vacaciones de verano y apenas he tocado japonés. Al terminar el curso, me propuse estudiar un poco cada día para no olvidar lo aprendido y avanzar un poco más. Ilusa de mí. Las primeras semanas lo hice bien: me miré el estilo informal y repasé lo que habíamos dado este año, pero poco a poco fui dejándolo. Como no quiero llegar al siguiente curso habiendo olvidado todo lo anterior, he organizado lo que voy a estudiar (teniendo en cuenta que mi EOI no ha publicado la fecha de comienzo de las clases):

  • Repasar cada día 10 kanjis de los 240 que hemos estudiado, tanto sus lecturas como el vocabulario en que aparecen.
  • Repasar un tema por día. Ésta es la parte más complicada porque tardaré un buen rato en repasar la gramática de cada tema y su vocabulario.

Sé que durante el día hay ratos muertos que puedo aprovechar para cumplir este plan. Si lo consigo hacer a diario, para mediados de septiembre habré repasado todo y con suerte podré avanzar algún tema antes de empezar las clases de nuevo. Motivación, ven a mí…

Progreso

17 de agosto: 30 kanjis, empiezo incumpliendo el reto.
18 de agosto: temas 1 y 2.
19 de agosto: tema 3.
20 de agosto: 10 kanjis (40 en total).
21 de agosto: – (¡vergüenza!)
22 de agosto: 13 kanjis (53 en total), temas 4 y 5.
23 de agosto: 12 kanjis (65 en total).

Fotografía de MIKI Yoshihito

Yo también juego…

Sí, yo también juego a Pokémon Go. Siempre me han gustado los RPGs de Pokémon y este nuevo juego ha llevado las capturas a otro nivel. ¿En qué consiste? El modo de juego es muy sencillo, un mapa sobre Google Maps nos muestra nuestra ubicación y la de los lugares donde podemos interactuar con la aplicación, que pueden ser de tres tipos:

  • Pokémon que tenemos a la vista y podemos capturar.
  • Pokeparadas en las que podemos conseguir objetos, como pokeballs o pociones.
  • Gimnasios donde combatir contra los pokémon de otros jugadores o entrenarnos.

Sencillo. Pokémon Go simplemente consiste en capturar, luchar y ganar experiencia.

Aun así la primera versión se lanzó con muchísimos bugs que hacían que la aplicación se bloquease constantemente. Durante la primera semana de juego tuve muchos problemas con Pokémon Go, ya que no me permitía iniciar sesión en mi cuenta cuando estaba conectada con datos. Si quería jugar tenía que abrir el juego en casa, conectada por wifi y después cambiar a datos. Y si en algún momento la aplicación fallaba y se cerraba (que era lo más normal), no podía volver a entrar hasta conectarme de nuevo por wifi. Después de reiniciar el móvil muchas veces y de desinstalar y volver a instalar el juego otras tantas, conseguí solucionarlo cuando me entretuve toda una tarde en poner el teléfono en modo fábrica.
Suena como la triste historia de mi vida, pero ahora que Pokémon Go me funciona perfectamente aprovecho muchos días para salir a pasear en busca de pokémon, paradas con cebo y gimnasios. Aprovechando las vacaciones y los viajes a día de hoy he capturado 93 pokémon.

PokÉmon capturados

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Por ahora he conseguido casi dos tercios (actualización a 23 de agosto: ¡111 pokémon capturados!) de la pokédex de Kanto, más algunas evoluciones que tengo preparadas. Iré actualizando la entrada según consiga nuevos pokémon. ¿Jugáis?

Taiko 1. El hábil Cara de Mono

Libro Taiko 1. El hábil Cara de Mono

ISBN: 978-84-937770-4-3
Editorial: Quaterni
Páginas: 581

Hiyoshi es un niño de familia humilde, hijo de un samurái reconvertido en granjero. Menudo y feo, todos le conocen como “Cara de Mono”, siendo objeto constante de chanzas y burlas. Pero detrás de su rostro arrugado, Hiyoshi esconde grandes virtudes: es un chico tenaz, inteligente, tremendamente persuasivo, además de poseer un descaro y una ambición insólitos. Armado únicamente con sus manos desnudas, Hiyoshi se dispone a abrirse paso en el intrincado mundo de los señores de la guerra.

Uno de los periodos más fascinantes de la historia japonesa y que más ha dado de sí a la hora de producir películas, series y libros es la unificación de Japón. Durante el siglo XVI, el país estaba dividido en numerosos clanes gobernados por daimyos que luchaban entre sí, y fue durante la segunda mitad de siglo cuando Oda Nobunaga, Hideyoshi Toyotomi y Tokugawa Ieyasu consiguieron unificarlo.

Hideyoshi Toyotomi fue uno de los tres unificadores de Japón y a la vez un personaje histórico del que apenas se tiene información anterior a su entrada al servicio de los Nobunaga. Esta biografía novelada cuenta la fascinante historia de un joven de origen campesino que se convirtió en el hombre más poderoso del país. La novela comienza con su niñez, cuando vivía con su familia de origen humilde, y su posterior dedicación al servicio de distintos artesanos, monjes y daimyos, teniendo siempre como objetivo convertirse en samurai.

El Hideyoshi del libro es un protagonista perfecto: inteligente y con sentido de la justicia, pero a la vez ambiciona el poder -en primer lugar para honrar a su familia y, más tarde para sí mismo. En el transcurso de la novela, trabaja para varias personas, mientras aprende a ser disciplinado y a no dejarse llevar por la pereza. Y cuando al fin entra al servicio de Oda Nobunaga, señor de su provincia, a quien considera digno de admiración, no duda en esforzarse sin importar el trabajo que le asignen. Así, poco a poco logra ascender en la escala social, permaneciendo siempre fiel a su señor, demostrando ser un gran estratega, aunque sus formas a veces sean demasiado directas y toscas. Este primer volumen relata la historia hasta que Hideyoshi realiza la campaña en las provincias occidentales.

Aquellos hombres trabajaban para comer, o bien  para alimentar a padres, esposas e hijos. Trabajaban por el alimento o el placer, y no se alzaban por encima de eso. Su labor era pequeña y humilde, sus deseos tan limitados que la piedad llenó el pecho de Tokichiro y pensó: “También yo era así. ¿Es razonable esperar grandes hombres de personas con pocas esperanzas?”.

Taiko es una novela de samuráis, llena de acción y perfecta para aprender historia japonesa. Y si todos los puntos a favor no os convencen, además está escrita por Yoshikawa Eiji, autor de Musashi, a quien siempre es un placer leer.